Philemus et Bauca

"Un día" , dice Mercurio, "el gran dios y yo habíamos bajado del cielo a la tierra. Durante todo el día nos abrimos camino por los campos y ciudades asiáticas. Finalmente llegamos a una gran y hermosa ciudad y puesto que el cielo estaba negro, buscamos un albergue. Era difícil encontrar un lugar idóneo, hasta el atardecer nos habíamos acercado a muchas viviendas, pero nuestra llegada no era grata en ninguna parte. Puesto que éramos desconocidos, los señores y las señoras de las casas nos mostraban una actitud hostil y nos cerraron sus puertas. Incluso muchos se comportaron de manera violenta con nosotros.

No lejos de la ciudad había una pequeña y pobre casa. Allí moraban Philemón y Bauca, los cuales vivían con pocas cosas y trabajaban muchas horas.

"Hola amigos! ", dijo Philemón, "y entramos en la pequeña casa. Bauca dice "qué alegría, Philemón y yo os daremos alimento y vino" . Con palabras tan amables nos recibieron.

Sin espera, Bauca nos preparó una cena modesta.

Mientras el gran dios y yo cenamos, apurábamos copas y reponíamos sin parar con vino exquisito nuestras fuerzas divinas. Entonces dijo el gran dios:

- Somos dioses bajo el aspecto de hombres. Puesto que tan bien nos recibísteis, también estaréis siempre sanos y salvos. Pero vuestros malos vecinos, de quienes hemos recibido desprecios, recibirán merecido castigo.

Después de una pequeña demora, el gran dios condujo a Philemón y a Bauca a un cerro cercano y, repentinamente, transformó la casa en un templo hermoso. Convirtió la ciudad cercana en un lago.

El gran dios habla:

- Podéis pedirme y hacer lo que vosotros queráis.

Filemón expresa un solo deseo:

-Deseamos guardar el templo, nuestra antigua casa y morir a la vez.

Subimos de nuevo a los cielo.

Después, durante muchos años protegieron el templo y no abandonaron al lugar amado. Pues el gran Dios transformó a Philemón y a Bauca en unos árboles grandes y hermosos, los cuales así cerca del templo permanecieron plantados para siempre.